
Yo no sé si contarte
que tu muerte es una casa de horneros
sobre el nogal de un campo en venta.
Melina Cavalieri
“Revelación”
Era el atardecer, pero podría también haber sido la mañana, o la hora de la siesta, y tampoco hubiera importado demasiado.
La muchacha (tal vez 19, acaso 20 años) salió de la casa y comenzó a caminar despacio por la calle arbolada. Abrió la pequeña cartera y sacó un caramelo de limón, lo desenvolvió, y ya antes de acercárselo a los labios pudo sospechar la acritud que le hizo llenar, como siempre, la boca de saliva. Eso la hizo sonreír. Después apretó los libros que llevaba contra el pecho y pensó que al otro día el examen de semiótica iba a ser difícil a pesar de haber estudiado tanto. Miró el reloj prendido en su muñeca izquierda: la cena ya casi debía estar lista. Si se apuraba un poco llegaría a tiempo y su madre no tendría que recalentarla, ni escuchar sus reproches monocordes y gastados, como todos los días.
Dándose vueltas incómodamente y con casi todo el cuerpo, vio por la ventanilla que detrás de él, por la avenida, no venían muchos autos. Dobló bruscamente por la calle arbolada que estaba a su izquierda, en infracción y a contramano, total, quién le iba a decir nada a un subteniente del Ejército Argentino. Nunca había andado por ahí. Un poco más adelante pudo ver que una muchacha, sospechosamente, salía de una casa, sacaba algo de un bolso, se lo llevaba a la boca, sonreía y comenzaba a apurar los pasos mientras apretaba libros o cuadernos contra el pecho.
Dos hombres conversaban frente a un comercio ya cerrado. Hablaban en un tono bastante alto y gesticulaban continuamente con las manos haciendo amplios ademanes. Cuando pasó a su lado, la muchacha pudo ver que no estaban discutiendo por nada importante, apenas por el partido de fútbol de la tarde anterior. Uno de los hombres, el más alto, le recriminaba duramente al otro, el de bigotes gruesos y pelo largo, que ese defensor de mierda no tendría que haber entrado en el segundo tiempo reemplazando al 9, “Un defensor por un 9, empatando 1 á 1 y teniendo que ganar sí o sí, ¡dónde se ha visto!”, decía casi gritando, como si el de bigotes hubiera tenido la culpa de la decisión del director técnico. Sonrió otra vez.
¿Dónde había visto al tipo de bigotes tupidos que discutía con el alto, un poco más delante de la chica que caminaba hacia ellos? A ese bigotudo lo había visto en alguna parte… ¿Sería un policía encubierto, como los que abundaban por todos lados y que ya no podían engañar a nadie, o los dos eran un par de esos subversivos hijos de puta, zurditos de mierda? ¿Qué pasaba con el más alto? ¿La chica tendrá que ver con ellos; le habrán dicho algo que se sonrió? ¿Lo estaban mirando a él esos boludos?
Una mujer se asomó a la ventana de una casa gris, sacó un mantel y lo sacudió con fuerzas, haciéndolo chascar. La muchacha tuvo que esquivarlo corriéndose hacia el lado de la calle, porque de lo contrario le hubiera azotado la cara. Después, sin siquiera mirarla, la mujer cerró los postigos con un ruido seco y la muchacha pudo escuchar también el ruido de los pasadores al ser corridos con violencia.
“¡Epa!... Esa vieja no puede haber salido por casualidad a sacudir ese mantel. Seguro que es una contraseña. Son muchas casualidades las que están pasando en esta calle: la chica que sonríe sola (una señal), los hombres que están conversando en ese lugar tan estratégicamente ubicado en medio de la cuadra (para dar aviso, claro), la mujer del mantel (otra señal, muy clara, que confirma la de la chica)”… Algo está por ocurrir, parece evidente, y él estará ahí para impedirlo.
Al pasar frente a una puerta antigua, alta, de madera tallada, pudo escuchar las risas que venían desde el interior de la casa. Eran risas jóvenes, de gente joven, tal vez de adolescentes como ella. Al saltar un pequeño charco entre unas baldosas rotas asustó a una paloma torcaza que estaba un poco más allá, buscando tardíamente la ramita adecuada para comenzar o terminar el nido. El particular sonido del entrechocar de las puntas de las alas del ave al remontar vuelo la sobresaltó y el corazón comenzó a latirle alocadamente. Sonrió una vez más y pensó que, como decía su mamá, era una miedosa incurable. Ya no faltaba mucho para llegar a su casa, apenas unas pocas cuadras.
Miró por el espejo retrovisor para asegurarse que no venía nadie, aunque sabía que los que pudieran venir vendrían desde el frente ya que él estaba circulando a contramano. Sacó la Ballester Molina de la guantera, aceleró a fondo haciendo chirriar las gomas del Falcon, cruzó el auto sobre la vereda, casi chocando a la chica y con la mano izquierda empuñando la pistola, le apuntó directo a los ojos gritando a todo pulmón y sin siquiera bajarse:
— ¡Quieta, putita de mierda, subversiva hija de recontramil putas, conchuda reventada; quieta, o te desparramo los sesos contra la pared de un cuetazo!…
Ella vio por un segundo el negro agujero del cañón del arma que parecía mirarla, sintió que el corazón le golpeaba desde adentro, queriendo salírsele por la boca, y no vio ni sintió nada más.
Los hombres dejaron de hablar de fútbol, dejaron de gesticular, dieron vuelta la cara, bajaron los ojos y se fueron caminando muy despacio y en silencio, como si nada pasara, hacia el lado contrario de lo que estaba ocurriendo...
El subteniente no cumplió su amenaza, no hizo falta…Cuando levantó a la muchacha del suelo y la tiró como a una cosa inservible en el baúl del auto, ella ya estaba muerta. La orina le chorreaba arrastrando también restos de caca desde la entrepierna, dejando un reguero de gotas amarillas y sucias, que llegaba hasta el charco espeso que iba extendiéndose en la vereda, justo donde había caído, agarrándose fuertemente el pecho. Los libros quedaron desparramados.
“¡Qué cagada, carajo, qué cagada con esta conchuda de mierda y la reputa que la recontra parió!... Ahora voy a tener que limpiar el baúl culpa de esta pendeja de mierda”
Era el atardecer de un día cualquiera del mes de septiembre del año 1978. Los argentinos festejaban, todavía, el haber ganado el Campeonato Mundial de Fútbol.
(del libro "Cuentos donde andan el misterio y la muerte")
1 comentarios:
mierda che....a este nunca lo había leído...abrazo, Maga
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